domingo, 9 de diciembre de 2007

Lo que me dijo un anarquista adolescente

(Este proyecto no es original. Me fué comunicado por E. B., Obispo en sus ratos de ocio, quién a su vez lo recibió de labios del anarquista adolescente que menciono, de oficio retratista.)

No matéis a los curas, pueblos que despertáis y
caéis en la cuenta
de la estafa más grande que edad alguna oliera.

Por el contrario estimulad su cría,
cebadlos uno a uno con esmero acucioso.
Así podréis ir luego montados en curas gordos
al trabajo
- la gasolina siempre tiende a subir -,
dejarlos amarrados en la puerta del bar,
decir - oh desdeñoso ancestro que os
resurge -
Que el vuestro esta mas brioso que los otros
montrescos.

Los domingos llevaremos a los niños a las
carreras de curas
- único juego de azar que será permitido -
en las cuales brillarán los descendientes pur
sang de los obispos.

Habrá curas de tiro y carga, curas trotones,
curas sementales,
y tendrán los establos olor a santidad.

Los curas inservibles serán embalsamados
y vendidos como adorno de salón:
La tonsura podrá servir de cenicero.

ROQUE DALTON

sábado, 8 de septiembre de 2007

TABERNERO

Tabernero, que idiotizas
Con tus brebajes de fuego,
Sigue llenando mi copa
Con tu maldito veneno.
Hasta verme como loco
Revolcandome en el suelo.
Sigue llenando mi copa,
Buen amigo tabernero.

Cuando me veas borracho
Canturreando un tango obsceno
Entre blasfemias y risas,
Armar camorra a los ebrios,
No me arrojes a la calle,
Buen amigo tabernero.
Ten en cuenta que me embriago
Con tu maldito veneno.

Yo quiero matar el alma
Que idiotiza mi cerebro;
Muchos se embriagan con vino
Y otros se embriagan con besos,
Como no tengo ya amores
Y los que tuve murieron,
Placer encuentro en el vino
Que me brinda el tabernero.

Todos los que son borrachos
No es por el gusto de serlo,
Solo Dios conoce el alma
Que palpita en cada ebrio.
No "ves" mi copa vacía
¡Echa vino tabernero!,
Que tengo el alma contenta
Con tu maldito veneno.

Sigue llenando mi copa,
Ja, ja, ja, ja, ja!...
Que ya no tengo remedio.




Letra de Raúl Costa Oliveri y música de Cafre y Frontera
Extraído del "Albúm del tango" de Carlos Gardel.

Dedicado a dos grandes amigos de los taberneros;
WASERMANN y JULEN

martes, 21 de agosto de 2007

ADIVINANZA!!!

¿LA SOGA SE CORTA POR LA PARTE MAS...?

lunes, 20 de agosto de 2007

DIOS SALVE LOS FERIADOS LARGOS...

... y a los próceres convocantessss...

miércoles, 18 de julio de 2007

sábado, 14 de julio de 2007

Escapale al mal humo

Escapale al mal humo!, solo fumá pucho loco!

viernes, 13 de julio de 2007

Expectativa de vida de un árabe - Siglo XII



En busca siempre de aprovechar al máximo las posibilidades de conocer el mundo que les brindaba la peregrinación, los viajeros musulmanes como Abu Hamid de Granada, viajaban constantemete, conociendo siempre lugares distintos, no se contaba con medios abundantes, ni caminos aptos, siempre habia bifurcación, tiempos distintos así lo exigían. Abu Hamid partió en viaje llegando al corazón de Rusia, y a varios territorios aledaños, donde realizó la siguiente descripción registrada de los esquíes utilizados por los Yura (Ingra, grupo étnico siberiano): "El camino que conduce hasta ellos siempre esta cubierto de nieve; por consiguiente, los Yura, para andar, se colocan en los pies unas tablas especialmente preparadas. Cada una de ellas tiene la longitud de una braza y la anchura de un palmo, y la parte de delante y la de detrás estan curvadas hacia arriba. En el centro de la tabla hay un lugar hueco en el cual el caminante coloca el pie y lo fija con unas correas muy fuerte...".
Emprendió el viaje, y permaneció una temporada en Ucles y luego paso a Marruecos, donde penetró hasta cerca de Siyilmasa. Visitó Qayrawan y Túnez, y desde aquí, por mar, fué a Alejandría. Durante el viaje pudo contemplar una erupción del Etna. Desde El Cairo remontó el Nilo hasta Ijmin, y volviendo sobre sus pasos, marchó a Damasco, y por Palmira, llegó a Bagdad. Luego estuvo en Derbend, cruzó el Cáucaso, también cruzó en un barquichuelo el Caspio llegando a Saysin, en la desembocadura del Volga; remontó este río hasta Bulgar, capital de los búlgaros plateados, último centro comercial accesible a los mercaderes musulmanes, y luego visitó Kiev, cruzó los Cárpatos y llegó a Hungría.
Luego con el fin de realizar la peregrinación a La Meca emprendió el regreso. Una vez de allí paso a Bagdad, Mosul, Alepo y Damasco, donde murió a los noventa años de edad, habiendo dedicado los últimos quince de su vida a la redacción de las obras que han inmortalizado su nombre como viajero.
Abu Hamid